¿En qué se diferencian la pintura de exterior y de interior?
Un tiempo de secado excesivo, el olor persistente o la aparición de grietas y defectos prematuros no siempre son atribuibles a la marca o la calidad de la pintura. Con frecuencia, estas irregularidades son el resultado de un simple error: comprar pintura especial para exteriores en lugar de para interiores, o viceversa.
Con la salvedad de las pinturas indicadas para interior y exterior, las características de este producto están pensadas para una o varias superficies concretas: fachadas, tabiques, falsos techos, mampostería, asfalto, etcétera. Si el fabricante hace hincapié en ello, al punto de especificarlo en el nombre o descripción de la pintura, ¿por qué ignorar esta recomendación?
La realidad es que las pinturas decorativas de interior y de exterior ofrecen distintas prestaciones. Por un lado, las elastoméricas o de silicato se formulan específicamente para resistir la radiación solar, los cambios de temperatura o la acción de hongos, insectos y otras amenazas de la intemperie.
Toleran los climas húmedos, y brindan una óptima adherencia y transpirabilidad. Su mayor contenido en COVs no resulta perjudicial, ya que estas pinturas se aplican al aire libre.
En interiores, las pinturas plásticas y acrílicas compensan su vulnerabilidad a la radiación solar con una mayor resistencia al desgaste y los roces. Se comercializan en una mayor gama de colores y acabados, y carecen de olores intensos y duraderos.
¿Es posible emplear en interiorismo una pintura formulada para muros y fachadas? Desoír las indicaciones del fabricante acarrea un riesgo para la salud del consumidor, pues los compuestos orgánicos volátiles (COVs) se concentran fácilmente en interiores y pueden irritar las vías respiratorias y ocasionar dolores de cabeza.
Por la naturaleza de sus compuestos y aditivos, el olor de la pintura para exterior es más acre y persistente y puede propagarse rápidamente por la vivienda, aunque solo una de sus estancias haya recibido una mano de pintura.